Hay una conversación que se repite mucho en consulta. Alguien viene haciendo sus ejercicios, cumple con las sesiones, y aun así la cosa no termina de arrancar. Cuando preguntas un poco más, aparece lo de siempre: semanas durmiendo mal, comidas a deshora, cero descanso real entre entrenamientos. El descanso, el sueño y la alimentación no son un añadido a la fisioterapia; son el terreno sobre el que trabaja todo lo demás. No hago planes de nutrición ni recetas de sueño —cada uno tiene su especialista—, pero sí merece la pena mirar por qué estos tres pesan tanto en cómo se recupera un cuerpo.
Descansar no es quedarse quieto
Tras una lesión, o simplemente después de un entrenamiento exigente, el cuerpo necesita un rato para asimilar lo que le has pedido. El error que veo más a menudo no es entrenar poco: es no dejar hueco entre esfuerzo y esfuerzo, y querer volver del todo antes de tiempo. Conviene aclarar que descansar no es quedarse quieto. Casi nunca pauto reposo absoluto; lo habitual es bajar la carga, cambiar de actividad o mover otras zonas mientras la afectada se calma. Esa alternancia entre esfuerzo y recuperación es la que sostiene el progreso a medio plazo. Cuánto y de qué manera depende mucho de cada persona y de cada lesión, así que es de esas cosas que preferimos concretar en consulta y no por norma general.
Lo que más se nota y menos se cuida: dormir
De todo lo que rodea a una recuperación, el sueño es probablemente lo que más se nota y menos se cuida. Quien lleva una temporada durmiendo mal suele llegar más sensible al dolor, con menos tolerancia al esfuerzo y con la sensación de que todo cuesta más de lo que debería. No hace falta perseguir una cifra exacta de horas: lo que suele ayudar es lo aburrido de siempre —horarios parecidos cada día, una habitación oscura y fresca, y aflojar el ritmo un rato antes de acostarse en lugar de llegar a la cama con la cabeza a mil—. Y si lo que te desvela es el propio dolor, dímelo: a veces una postura distinta para dormir o un apoyo bien colocado cambian bastante la noche, y si veo que el problema se sale de mi terreno, te lo digo y buscamos a quien corresponda.
Comer con cierto orden
Con la comida procuro no meterme donde no me toca, porque de dietas saben los nutricionistas y no yo. Sí digo lo evidente: reparar tejido cuesta energía y materia prima, y un cuerpo que come a salto de mata durante semanas lo tiene más difícil. Comer con cierto orden, sin saltarse comidas y sin que la mayor parte del día se vaya en ultraprocesados, es una base razonable para cualquiera que esté recuperándose. Lo mismo con la hidratación, que suena a tópico hasta que llega el verano o una semana de mucha actividad y se nota. Si tu caso pide algo más fino —una pauta concreta, un cambio de peso, una condición que condicione lo que puedes comer—, lo suyo es una consulta especializada, y te oriento hacia ella sin problema.
Nada de esto sustituye al tratamiento, y tampoco hace falta ponerse a cambiarlo todo de golpe. Cuando alguien encalla en una recuperación, muchas veces la conversación útil no va de añadir otro ejercicio, sino de mirar cómo está durmiendo y cómo está comiendo esas semanas. Suele ser un buen sitio por donde empezar a tirar del hilo.



